BIENVENIDOS

Me parezco a las ballenas en su ciclo migratorio. Salgo del trópico, del valle de Caracas entre la montaña y el mar Caribe, voy a la cordillera, a mi natal Bogotá a ver a mi madre, mi familia, mis querencias de la infancia, sigo hacia el norte donde se asentaron mis hijos y nació mi nieta cerca de los océanos Pacífico y Atlántico. A veces cambio el rumbo y vuelo como las aves a otras ciudades. Voy escribiendo, haciendo fotos y contando lo que voy viendo por la vida. Vislumbro el momento de asentarme y echar raíces.

Fui al desierto a conocer la nieve.

Energía eólica Valle de Cohachela
Turbinas de viento  en el valle de Coachella



El primer día del 2016 salimos de Los Angeles rumbo a Palms Springs, una ciudad oasis en medio del desierto. Camila y Alison llevaban suficiente ropa de abrigo como para ir al polo norte y yo no entendía nada. Tomamos rumbo al este para recorrer los 170 kilómetros hasta nuestro destino. Entramos al valle de Coachela  flanqueado por las montañas de San Bernardino, Santa Rosa y San Jacinto. Comenzamos a observar las turbinas de viento, miles, gigantescas, blancas, ocupadas en su oficio de producir energía .
Paramos en Morongo  a estirar las piernas en el casino administrado por la nación india Bando Morongo de los Cahuillas.
Entramos al casino y Janeth, hermana de Alison, eligió una de la máquinas. Ganó enseguida y le pedí que me enseñara a jugar. "Elige una máquina que te guste" y como las hermanas son descendientes de irlandeses me decidí por una con tréboles y un duendecillo vestido de verde. Pensé...necesito comprarme un  par de zapatos deportivos... mientras jugaba por centavos. Y ocurrió,  gané y decidí retirar mis dollares que me sirvieron para comprar más adelante mis zapatos. Ahora que lo pienso...recibí lo que deseé y ¿si hubiera pedido algo diferente...una casa por ejemplo.?







Llegamos al atardecer a Palms Springs, una ciudad pequeña, hermosa y tranquila sembrada de palmeras. En el resort permitían mascotas, así que Cali, la perrita se instaló con nosotras en una de las habitaciones. La vista era impresionante, las montañas se fueron poniendo rosadas al atardecer y la temperatura bajó considerablemente. Palms Springs a tan solo dos horas de Los Angeles ha sido habitada por estrellas de cine, cantantes, artistas y hay mucho que hacer. Buenos restarantes, tiendas, museos, festivales de cine, de música, viajes en globo, paseos en bicicletas, en caballos, campos de golf, senderismo por el desierto y las montañas. Esa noche cenamos en un concurrido restaurante y nos preparamos para ir al Monte San Jacinto a la mañana siguiente.
Vista desde el tranvía aéreo del Valle de Coachella


El monte San Jacinto 

 Vengo del trópico y me gusta viajar en primavera o en otoño y esta vez en el invierno en California me preparaba para conocer la nieve. Mi hija me dió instrucciones precisas: hay que usar capas de ropa como las alcachofas, una encima de la otra, utilizar lentes para el sol y mucho protector solar. 
Así lo hice: franela de manga corta, de manga larga, sueter de lana, chaqueta térmica, medias de lana, leggins, pantalones, botas, bufanda, guantes y gorra. A mi espalda el bolso con la cámara y mi ansiedad por que no me gustan las alturas y había que subir en teleférico al Monte San Jacinto.
Respiré hondo cuando llegamos bien temprano a la estación del Tramway o Tranvía aéreo. Compramos los tiquetes y el embarque a esa hora fue rápido. Subimos a la cabina, bastante grande con piso giratorio, así que podíamos ver el valle de Coachella y las paredes rocosas de la montaña. Fueron diez minutos, largos para mi, y llegamos al Parque Estatal Monte San Jacinto. Y hacía frío en esos 3000 metros de altura. 


Siguiendo por las caminerías, entre los pinos enormes llegamos a la nieve. Primera lección. distinguir entre el hielo y la nieve. Segunda lección: evitar el hielo por que es muy resbaladizo. Tercera lección: conseguir un bastón o palo para apoyarse y lo más importante disfrutar. Caminamos sobre la nieve, crack, crack, crack, hicimos bolas de nieve, nos las lanzamos, buscamos y encontramos huellas de animales, escuchamos el canto de los pájaros y el viento danzando entre las ramas. Estas mujeres newyorkinas  crecieron haciendo iglues en la calle cuando las nevadas eran abundantes y yo escuchaba sus historias mientras dejaba mis huellas en la nieve.


Almorzamos en el restaurante de la estación del teleférico, visitamos la tienda de recuerdos y me detuve en las fotografías de los indios Cahuilla de comienzos de siglo. Aún ellos habitan en el desierto y en el monte San Jacinto vive el Dakush, el meteorito, su fundador.
Bajamos y  observamos que la fila de personas para subir era inmensa. Pronosticaban más de cuatro horas de espera para subir.  Agradecimos la buena idea de levantarnos temprano  esa mañana, nos subimos al auto, nos fuimos quitando las capas de ropa y a los veinte minutos estabamos tomando el sol en la piscina del hotel el segundo día del año 2016.



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