BIENVENIDOS

Me parezco a las ballenas en su ciclo migratorio. Salgo del trópico, del valle de Caracas entre la montaña y el mar Caribe, voy a la cordillera, a mi natal Bogotá a ver a mi madre, mi familia, mis querencias de la infancia, sigo hacia el norte donde se asentaron mis hijos y nació mi nieta cerca de los océanos Pacífico y Atlántico. A veces cambio el rumbo y vuelo como las aves a otras ciudades. Voy escribiendo, haciendo fotos y contando lo que voy viendo por la vida. El momento de asentarme y echar raíces ha llegado.

Aprendiendo a meditar con el lama tibetano Karma Drodul




Después emigrar, viajar y trabajar en varios países, casarme, tener dos hijos, divorciarme, ir  a la universidad, leer cientos de libros, tener varios amoríos, buenas amigas,  llorar la muerte de seres queridos, participar en grupos de trabajo con el alma, en círculos de empoderamiento de mujeres, en formación profesional de proyectos sociales, en trabajo voluntario y de realizar 130 ediciones de la Revista donde trabajo, llegué a la suprema revelación: soy responsable de mi felicidad. 
Solamente lo descubrí llegando a  los cincuenta años. Cada uno llega a las verdades universales y eternas a su manera y su tiempo. El camino que tomé ha sido bien sido entretenido y estoy profundamente agradecida por todo lo vivido: lo bueno y lo malo.
Uno de los aprendizajes  es estar consciente en cada momento de tu vida.  Nuestra vida actual es el resultado de nuestras elecciones. Se trata de ejercer el libre albedrío, elegir y saber que cada acción genera un efecto. Hasta ahí aprendí la lección. En efecto, puedo rastrear mis decisiones de ayer hasta mi realidad de hoy, todo está hilvanado como una mala budista o un rosario católico. 
¿Y cómo decidir lo mejor?  ¿Cómo centrarnos ? !!!Meditando¡¡¡  fue la respuesta que encontré por todas partes. Comencé a meditar siguiendo las indicaciones de los libros de Osho, de Deepak Chopra y luego practiqué en talleres de mujeres hasta que un día mi amigo Antonio me habló de la visita del Lama Karma Drodul al centro budista KTC en Caracas.

 El Lama Karma Drodul y mi amigo Antonio Herrera

Asistí a las sesiones de fin de semana, sin saber casi nada acerca del budismo, me senté en una silla(los budistas e iniciados se sentaban en el suelo, sobre cojines y en posición de flor de loto) y durante cuatro sesiones oí al lama. Aprendí que Karma es el nombre del linaje pues hay varias escuelas de budismo en el Tibet y una de ellas pertenece al linaje Karma Kagyu cuyo jefe espiritual es el Karmapa. El Dalai Lama pertenece a otra escuela.
El lama Karma Drodul, (ya saben que  Karma es el nombre del linaje) nació en el Tibet e ingresó al monasterio a los 9 años. Ha realizado además de su formación como monje, dos retiros, cada uno de tres años y tres meses en soledad bajo la guía de un maestro. Cuando supe eso, fue suficiente para abrir mi mente y corazón a sus enseñanzas. Hablo mucho, el silencio me cuesta y estando en silencio mi mente habla de mil cosas a la vez. No alcanzo a imaginar tres años y tres meses de retiro.


El Lama inició cada una de las sesiones de enseñanzas (dharma) con plegarias entre rezos y cantos que la comunidad o shanga seguía. No se si son en tibetano o en sánscrito o pali. El lama ofreció los méritos de la mañana al alivio del sufrimiento de  todo los seres sintientes. Comenzó suavemente entre sorbos de te a hablar sobre el budismo, una manera de vivir buscando la iluminación, respetando la vida en todas sus manifestaciones, realizando cada acto diario con conciencia, acallando la mente, respetando todas las religiones y prácticas de otras escuelas budistas, viviendo con compasión y practicando la generosidad para beneficio de todos. Vivieron las preguntas y las respuesta de un hombre sabio. Decidí seguir el budismo.
En el segundo encuentro en Octubre, el Lama Karma Drodul nos enseñó la técnica de la meditación Shamata y Vipasana entre otras cosas.
Ahora se cómo sentarme sobre un cojín, cómo doblar las piernas, mantener la espalda derecha, la boca ni cerrada ni abierta, la punta de la lengua tocando el paladar, los ojos semicerrados o cerrados si lo prefiero, la cabeza levemente inclinada como viendo al piso sobre la nariz y la atención fija en un objeto, sonido, o la figura de buda. Esta es la meditación shamata para principiantes y la estoy practicando cada mañana antes de salir al samsara o este valle de lágrimas como decía mi abuelita católica.




Gracias a Manuel Finol por tomarme esta foto con el lama.


Manuel Finol  nexovisual@gmail.com

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